Buuuf, cuanto tiempo sin pasarme por mi querido blog...ya lo siento, pero es que entre una cosa y otra lo vas dejando lo vas dejando y pasa esto...en fin, ya que estoy aquí os voy a poner unas Reflexiones que escribí hoy tras acabar el examen de música. Van en respuesta a cierto cuento de cierta persona...:P. Ahí va:
Plasmar sentimientos en un papel es algo que a todos se nos ha pasado siempre por la cabeza. Sin embargo, es irónico ver como solo unos pocos de la multitud se ponen a intentar alcanzar su sueño, nadando a contracorriente, mientras los demás caminan en un mar de "yo no puedo" y supuestas culpas ajenas. Así pues, me decido, cojo mi bolígrafo negro y empiezo a escribir. Intentaré, aunque reconozco que me costará, que este relato -si es que alguna vez lo llega a ser- sea lo menos onírico y lo más palpable que pueda.
Tras leer el cuento, puse no se qué canción y me di cuenta de que era feliz. Una afirmación semiescondida, una declaración encubierta. Nada me hubiera dicho que aquellas palabras pudieran causarle tanta conmoción. Imagino que...
Leo de nuevo las líneas, centrándome esta segunda vez en la descripción de la protagonista. Cierro los ojos y me la imaginó ahí, tumbada, con el pelo cayendo desordenadamente sobre aquellos benditos ojos, buscando la inspiración más allá del espacio-tiempo. Su mano se mueve sola, escribiendo sin saber si lo hace por el fin o tan sólo por el placer de hacerlo. O quizá realmente sienta aquello inalcanzabale, debido al más bello de los encuentros no del todo aleatorios organizados por el azar.
Levanto mi cabeza y siento que algo me duele. Intento localizar el punto del dolor; me duele el cuello debido a cualquier inocua razón. Mi alma no permitirá que estos momentos de gozo y felicidad se vean nublados por una sensación estúpida.
Entonces, debido a algo, o a alguien, -o es posible que no se deba a nada y fuera tan solo mi mente- recordé aquel momento. Las palabras más bonitas que uno pueda imaginar, tatuadas con algo más que simple tinta azul en mi mano. Siempre, aunque dos eternidades pasen, aunque llegue el Ragnarok y el árbol Yggdrasil muera, podré ver aquellas palabras marcadas en mi mano. Por siempre jamás. Lo prometo.
Ahora me doy cuenta de que a pesar de las circunstancias, soy más feliz de lo que improbablemente llegue a ser nunca. Me conformo con poco, los términos humanos son demasiado terrenales como para poder mancillar este sentimiento. Estos sentimientos. Libertad y verdad. No soy libre, a duras penas puedo escribir estas líneas sin parar a pensar en lo que pueda o no decir, y la verdad no sé si se ha dicho del todo. Tal vez sí, supongo. Pero a pesar de todo eso, dudo que cualquier cosa pueda cambiar tan poderosas sensaciones.
Y aún, recapacito, aún podrían ir las cosas mejor, pero no veo -no quiero ver- más allá de estas palabras. No quiero ni imagino como una felicidad mayor podría embargar mi ser. Si Dios, el destino, o quien quiera que esté ahí fuera lo desea, lo podré sentir.
Hasta entonces...soy feliz.
Est sularis oth mithas
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